Preestreno 'Elegy': el amor, el miedo, la soledad, el sexo...
Esta semana llega a las pantallas la esperada película de Isabel Coixet: ‘Elegy’. El filme, que levantó bastante expectación en la Berlinale, está basado en la novela del escritor Philip Roth ‘El animal moribundo’.
Se trata de una muy atractiva propuesta cinematográfica basada en el amor, la pasión y las relaciones humanas en la que sus dos protagonistas ejercen un magnetismo más que destacado.
Ben Kingsley y Penélope Cruz dan vida a un profesor universitario maduro y sexualmente activo y una joven alumna que se enamora irremediablemente de él, de todo lo que envuelve a un seductor que le saca 30 años de edad. Entre ambos surge una historia más que apasionada (que según los que han leído la novela alcanza tintes sexuales bastante amplios aunque en pantalla hay más insinuación que otra cosa).
La propia realizadora ya avisó antes de la exhibición de la cinta en Berlín que había decidido eliminar gran parte del contenido sexual del libro, porque mostrar “escenas de sexo explícito no era pertinente”.
Coixet demuestra una gran maestría desde el punto de vista dramático y consigue una interacción muy lograda entre ambos protagonistas. Kingsley está a una gran altura y Cruz cumple como cubana ingenua que cae en las redes de un tipo muy elevado culturalmente y con mucha más experiencia que ella en todo tipo de situaciones en la vida.
Los mejores momentos los brinda el propio Kingsley en su mar de dudas e inseguridades propios de un ser humano al afrontar una relación así. El miedo aparece y está impregnado en su rostro. Es lo que más engancha del filme. Y la ambientación de toda la historia en Nueva York.
Es una película donde Coixet ha querido que el personaje de Penélope Cruz hable con los ojos. La expresividad de éstos es uno de los alicientes que llegan al espectador para adentrarse en esta historia.
Alguno achacará que es la obra menos personal de Coixet precisamente por tratarse de un encargo de adaptación de la obra, y es cierto que no tiene nada que ver con ‘Mi vida sin mí’ o ‘La vida secreta de las palabras’. El guión pertenece a Nicholas Meyer, que fue quien afrontó el reto de adaptar la obra de Roth a la gran pantalla y modificar un final muy ‘a lo Coixet’ (si se me permite la expresión).
Habla alguien que no ha leido el libro pero conoce su final y cree que es mucho más atractivo lo que se plasmó en las páginas del célebre escritor que lo que se ve en la pantalla en los últimos cinco minutos.
Por cierto, los protagonistas son los dos actores citados, pero hay dos secundarios de lujo que acompañan a la perfección:Dennis Hopper y Patricia Clarkson.





blat dijo
Mola!
17 Abril 2008 | 06:14 PM